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Cómo reconocer los síntomas de la ansiedad

Cómo reconocer los síntomas de la ansiedad

Cómo reconocer los síntomas de la ansiedad

Cómo reconocer los síntomas de la ansiedad

La ansiedad es un trastorno mental que con el pasar del tiempo se ha vuelto más común, afectando a millones de personas alrededor del mundo. Saber reconocer los síntomas de la ansiedad es el primer paso para buscar ayuda y encontrar estrategias efectivas de manejo. Aquí te proporcionaremos una guía completa sobre cómo identificar los síntomas de la ansiedad y brindaremos información útil para comprender mejor este trastorno.

¿Qué es la ansiedad?

A forma de resumen diremos que la ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones estresantes, es al volverse crónica o desproporcionada, cuando puede convertirse en un trastorno de ansiedad. Puedes aprender más sobre el trastorno de ansiedad aquí.

Síntomas físicos de la ansiedad

Los síntomas físicos de la ansiedad son manifestaciones corporales que pueden acompañar a este trastorno. Cuando una persona experimenta ansiedad, puede experimentar palpitaciones rápidas o irregulares del corazón, sudoración excesiva, temblores, sensación de opresión en el pecho o dificultad para respirar. Además, pueden presentarse síntomas gastrointestinales, como malestar estomacal, náuseas, diarrea o estreñimiento. La tensión muscular, dolores de cabeza frecuentes y mareos también son comunes en personas con ansiedad. Estos síntomas físicos pueden ser intensos y desencadenarse en situaciones estresantes o desencadenantes de ansiedad. Estos síntomas pueden variar de una persona a otra y también dependen del tipo de ansiedad que la persona padezca.

Síntomas emocionales y cognitivos de la ansiedad

Los síntomas emocionales y cognitivos de la ansiedad abarcan una amplia gama de experiencias mentales y emocionales. Las personas que experimentan ansiedad pueden sentir una preocupación constante y excesiva, experimentar irritabilidad o tener dificultades para controlar sus emociones. Además, pueden experimentar pensamientos negativos recurrentes, como anticipar lo peor en situaciones cotidianas. La ansiedad también puede provocar dificultades para concentrarse y tomar decisiones, así como sentimientos de inseguridad, nerviosismo y una sensación general de malestar. Estos síntomas emocionales y cognitivos pueden afectar significativamente el bienestar y la calidad de vida de las personas que sufren de ansiedad.

Síntomas conductuales de la ansiedad

Los síntomas conductuales de la ansiedad pueden manifestarse de diferentes maneras en las personas que la experimentan. Estos síntomas pueden incluir evitar situaciones o lugares que generan ansiedad, tener dificultades para tomar decisiones, buscar constantemente la aprobación de los demás, exhibir comportamientos compulsivos o repetitivos, experimentar dificultades en las relaciones interpersonales debido a la inseguridad o la preocupación excesiva, y presentar cambios en los hábitos de sueño y alimentación. Estos comportamientos pueden ser una forma de intentar controlar o mitigar la ansiedad, pero a menudo pueden afectar negativamente la calidad de vida y el bienestar general. 

Reconociendo la ansiedad en diferentes grupos de edad

Reconocer los síntomas de la ansiedad en diferentes grupos de edad puede ser clave para brindar el apoyo necesario.

  • En los niños, la ansiedad puede manifestarse a través de cambios en el comportamiento, como irritabilidad, dificultades para dormir, miedos intensos y quejas frecuentes de dolores físicos
  • En los adolescentes, los síntomas pueden incluir aislamiento social, baja autoestima, dificultades académicas y cambios en los patrones de sueño y alimentación.
  • En los adultos, la ansiedad puede manifestarse como preocupaciones excesivas, inquietud, problemas de concentración y cambios en el apetito.
  • Por otro lado, en las personas mayores, la ansiedad puede presentarse como síntomas físicos como dolores crónicos, fatiga, insomnio y dificultades para enfrentar cambios o situaciones nuevas.

Es fundamental estar atentos a estos signos y buscar la ayuda adecuada en cada etapa de la vida.

Cuándo buscar ayuda profesional

Buscar ayuda profesional es crucial cuando se padece de ansiedad ya que muchas veces los síntomas interfieren significativamente en la vida diaria de quienes lo padecen.

Si la ansiedad genera un malestar constante, dificulta el desempeño en el trabajo o los estudios, afecta las relaciones interpersonales o provoca un deterioro en la calidad de vida, es recomendable buscar apoyo de un profesional de la salud mental. Los expertos, como psicólogos o psiquiatras, cuentan con los conocimientos y las herramientas necesarias para evaluar y tratar la ansiedad de manera adecuada. Ellos pueden brindar terapia cognitivo-conductual, técnicas de relajación, manejo del estrés y, en algunos casos, medicación si se considera necesario. No es necesario enfrentar la ansiedad solo, buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia en el proceso de recuperación y en la adquisición de habilidades para manejarla de manera efectiva.

Si reconoces los síntomas de la ansiedad en tu vida, es fundamental que tomes medidas para buscar apoyo y cuidar tu bienestar mental. Recuerda siempre que no estás solo o sola en esta batalla. Ya sea que busques la ayuda de profesionales de la salud mental, como psicólogos o psiquiatras, o que explores estrategias de autocuidado como la meditación, el ejercicio regular y la adopción de hábitos de vida saludables, recuerda que existen numerosas opciones disponibles para el manejo de la ansiedad.

La ansiedad es un trastorno tratable y, con el apoyo adecuado, puedes aprender a gestionarla y recuperar tu bienestar emocional. No dejes que la ansiedad te limite ni te impida disfrutar de una vida plena. Toma acción y da el primer paso hacia una vida más tranquila y equilibrada. ¡Tu bienestar mental es importante y mereces sentirte en calma y en control!

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Al otro lado de la linea

Al otro lado de la línea

Al otro lado de la línea

Escrito por Maritza Pinos Sarmiento, Psicóloga Clínica

Me apoyo a mí mismo con el amor de mi familia

– ¿Cuál es su emergencia? – pregunto de forma automática cada vez que atiendo una llamada, pero las voces que responden, siempre me cuentan historias diferentes.
– Les llamo para decirles que me voy a matar.
– ¿Qué le pasó? Cuénteme.
– Nada, solo quiero decirles que me voy a matar.
– Quiero ayudarle, ¿tiene algún problema?
– Nadie me puede ayudar – balbuceó.
– Mi nombre es Santiago. Le escucho, aquí estoy…

En ese momento, mi mente corría a mil por hora, aparecían fugazmente imágenes y las ideas se tornaban confusas, mi corazón latía rápidamente y mis manos comenzaron a sudar, pero no era yo quien necesitaba la ayuda, ese hombre desesperado al otro lado de la línea dependía enteramente de mí. Tenía 50 años y su nombre era Manuel.
Hice una breve pausa, respiré profundamente y seguí. Debía mostrarme tranquilo.


– Quiero que respire conmigo. Inspire… 2… 3… 4… Mantenga…2 …3 …4 Suelte conmigo …6 …7 …8. Ahora cuénteme, ¿Dónde se encuentra?
– Estoy en mi casa, solo. No tengo a nadie.
– Entiendo que en este momento se encuentra solo, ¿vive con alguien más?
– Con mi esposa y mis dos hijos. Deben estar por llegar.

Manuel me había dado información importante, hace tres semanas había perdido su trabajo y se había sumido en un laberinto de ideas pesimistas y emociones negativas, su estado de ánimo no había encontrado ningún motivo para mejorar.

– Este es un buen momento para que se exprese, no voy a juzgarle, frente a todo lo que está viviendo, está en su derecho de sentirse así.
– No sé qué va a pasar, ya no podré mantener a mi familia– me contó mientras lloraba.
– ¿Alguien en su familia sabe cómo se ha sentido?
– La verdad no, bueno mi esposa sabe que he tenido problemas en el trabajo, pero mis hijos no saben nada. Trato de estar bien todo el tiempo y no quiero que me vean así, no quiero preocuparles.

Me sentía cada vez más involucrado mientras el tiempo seguía su marcha y por fin supe que ese sería mi punto de apoyo, su fortaleza estaba en sus lazos familiares, así que era momento de brindarle más recursos. Trabajamos en posicionarlo en tres espacios, su yo padre, su yo niño y su yo adulto. Surgieron diferentes ideas, en momentos no sabía qué decir, pero en medio de las palabras y silencios, él encontró sus propias respuestas y su luz al final del túnel.

– Ahora que comprendo un poco más, veo que siempre ha sido un gran apoyo para su hogar, ¿cree que su esposa y sus hijos estén dispuestos a hacer lo mismo por usted?

Manuel había comprendido que aquello que se guardaba para sí lo estaba desgastando, pues ese motivo que buscaba y que fue tan esquivo en un principio, estaba justo entrando por la puerta.

– Mi familia está aquí… << Justo a tiempo >> pensé.
– Antes de colgar, ¿recuerda lo que acordamos?
– Hablaré con ellos y les pediré cartas de apoyo a cada uno. ¡Ah sí! Cada vez que me sienta mal puedo recurrir a sus fotos que las tengo en mi billetera.
– Recuerde, puede buscar apoyo de un profesional.
– ¡Muchas gracias! – colgó.

Al terminar el turno, recogí mis cosas y me apresuré a llegar a casa, mi hija y mi esposa me esperaban como todos los días, pero esa noche entre risas y anécdotas, yo las abracé fuertemente, pero ellas me sostuvieron.

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